SeƱoras que quedan para salir a andar o la importancia de las redes de apoyo mutuo en nuestras sociedades.
- sentidosocial
- 15 ene 2024
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Actualizado: 2 abr 2024

¿No os pasa, que estando en un parque os cruzÔis con grupos de mujeres, de cierta edad, andando en grupo?
La finalidad parece ser, hacer ejercicio y llevar una vida mĆ”s sana. Fin del anĆ”lisis obvio. Pero el aumento de la salud fĆsica de estas buenas seƱoras, no es mĆ”s que la punta de un iceberg social, que nos lleva a una anĆ”lisis mĆ”s profundo.
En este paseo compartido hay una carga social mucho mayor. Es la materialización de una actividad en conjunto. Sigue pareciendo obvio, pero traspasando el saludable resultado de la actividad, Ć©ste no sólo lo es de forma fĆsica. EstĆ”n llevando a cabo una costumbre que forma parte de las comunidades humanas y que tienen que ver con las redes de cuidados y apoyo mutuo. Sin estas relaciones ancestrales, difĆcilmente el ser humano hubiera sobrevivido como especie.
Ā”QuĆ© exageración! O no, vamos a recordar a un pariente no tan lejano y no tan distinto, el neandertal. SegĆŗn diversos investigadores/as, con un pensamiento etnocentrista muy desarrollado, los neandertales eran bastante menos listos, guapos y capaces que nosotros los sapiens. Sin embargo otros estudiosos/as mĆ”s objetivos, han descubierto que no Ć©ramos tan distintos. Los neandertales utilizaban herramientas, trabajaban la madera, y tenĆan pensamiento simbólico, eran capaces de crear arte abstracto, y esto se ha revelado, a partir deĀ pruebas de pinturas rupestres de hace 65.000 aƱos. TenĆan una gran capacidad craneal y un fĆsico robusto, mĆ”s que el nuestro. Se ha comprobado que eran capacidades de formar sociedades complejas y fabricar medicamentos naturales. Eran capaces de generar Cultura, algo que nos ha diferenciado del resto de animales.

Estos motivos traen de cabeza a la paleoantropologĆa sobre los motivos de su desaparición hace 40.000 aƱos.
Parece ser que los neandertales vivĆan en grupos tan pequeƱos que no eran capaces de protegerse unos a otros de las adversidades que les pudiera sobrevenir. Pudimos ser nosotros, los sapiens, pudo ser un cambio en el clima, una lucha por recursos que pudieron escasear, todo ello junto, pero un indicio de su desaparición, podrĆa estar en el estudio liderado por cientĆficos japoneses y publicado por la revista Scientific Reports confirmando que, aunque el cerebro de los neandertales era mĆ”s grande, su cerebelo era menor.
Esta parte inferior del cerebro es la encargada de regular capacidades como el movimiento o el equilibro, y estÔ relacionada con funciones como la capacidad de concentración, el desarrollo de la memoria, el aprendizaje o el procesamiento del lenguaje. La antropóloga boliviana, Mundo Marcia Ponce de León, que participó en el estudio desde el Instituto de Zúrich en Suiza afirma:
"Al tener un cerebelo mĆ”s pequeƱo, puede concluirse que los neandertales no tenĆan capacidades cognitivas tan refinadas como los humanos modernos, es decir, todas aquellas que te hacen socializar con mucha mĆ”s intensidad"

Nuestra supervivencia, no ha venido condicionada por nuestra inteligencia semejante a la suya, sino por nuestra capacidad de relacionarnos y formar redes de apoyo. Puedes ver toda la información aquĆ y aquĆ.

Las redes de cuidados y apoyo mutuo, hacen que las personas no se queden solas y por tanto sean mĆ”s vulnerables. Problemas como la soledad no deseada, la incomprensión social o exclusión del grupo, tiene como resultado la aparición de problemas mentales, que provocan problemas fĆsicos y degeneran en diferentes enfermedades, mermando la calidad y la esperanza de vida de quienes las padecen. Los sapiens, puede que para sobrevivir, entre otras capacidades, desarrollĆ”semos un querer juntarnos, y un sentimiento de pertenencia al grupo porque nos sentĆamos mĆ”s seguros/as.
Uno de los problemas que estÔ padeciendo nuestra sociedad es el aislamiento del individuo, junto con la parcelación y segmentación de sà misma. La realización de actividades de forma aislada y la separación continua por edades, sexos, géneros, nacionalidades, discapacidades, etc, algo que nos lleva a ser mÔs frÔgiles.

La pandemia COVID-19 ha destapado la quiebra de la salud mental en la población juvenil. Esta población estĆ” siendo un indicador de fragilidad social, tras el aislamiento. Las sucesivas crisis económicas, su condición liminal, en la frontera de lo que no son, y la falta de redes sociales reales de apoyo y cuidado tradicionales y reales, les ha impactado y aislado teniendo como consecuencia el aumento de este tipo de problemas, cuyas manifestaciones en consulta no tienen precedentes, siendo los mĆ”s graves los que concluyen con tentativas y conductas suicidas, y de autolesión. Si quieres saber mĆ”s pulsa aquĆ
Diversas corrientes de organización social han primado la diferencia y la parcelación, quizÔ por llevar a cabo una gestión mÔs fÔcil, mÔs ordenada, pero centrada en el recurso y no en las personas. La realización de actividades de esta forma es una constante. Diseños de actuación basados en erróneos conceptos de gestión y eficiencia, nos han hecho olvidar que el contacto con quien es diferente genera conocimiento, diÔlogo para la búsqueda de soluciones, comprensión mutua, reconocimiento como iguales, mayor sentimiento de pertenencia, ayuda y cuidado, y mayor colaboración en detrimento de la competencia, el desconocimiento, la incertidumbre, el miedo, el enfrentamiento y la agresividad.
ĀæPor quĆ© existen actividades para jóvenes, para mayores, para mujeres, para latinos, para gitanos, para personas con discapacidad y un largo etc? Pensemos en las lĆneas de los programas sociales. Es cierto que muchos de ellos constituyen apoyos para necesidades concretas de estas poblaciones y esto es necesario, pero Āæporque no se combinan con formas de hacer inclusivas, intergeneracionales y multiculturales?
Un ejemplo son los colegios rurales, que cuentan con mejores tasas de aprendizaje el alumnado tiene diferentes edades y procedencias. No sólo aprenden, si no que apoyan en el aprendizaje de los mÔs pequeños.
ĀæPor quĆ© no se fomenta el conocimiento de las tradiciones que forman parte del patrimonio cultural de un municipio? Sus códigos servĆan para organizar las actividades de forma comunitaria, y el resultado era un logro en conjunto que estrechaba esas relaciones, y fomentaba esas redes de apoyo y cuidado cercanas y reales.
Juntarse para realizar actividades, no tiene únicamente el propósito de llevar a cabo el objetivo de la actividad. Cumple otras funciones tan importantes o mÔs que el resultado de la acción. El objetivo, digamos material por el que crean los grupos, sólo es la justificación para construirlos.

Pensemos en los motivos; grupos de baile, de tejidos varios, lana, esparto, mimbres, filandones, talleres de infinitas materias, clubes, las festividades del calendario, patronales, romerĆas, carnavales...todas son la expresión de las redes construidas en conjunto para hacernos partĆcipes, y beneficiarias como personas que forman parte de ellas.

Mantener actividades que se realizan de forma personal y presencial en conjunto, va mĆ”s allĆ” del entretenimiento o de la celebración momentĆ”nea. AntaƱo se llevaban a cabo procesos comunitarios de aprendizaje siendo el vector de estos las tradiciones y saberes propios de cada territorio, relacionando a sus habitantes con este y su gestión. Los niƱos y las niƱas eran iniciados por familiares y la red de la que posteriormente formarĆan parte. Las herramientas manejadas, el conocimiento aprendido y aprehendido, los códigos culturales, todo formaba parte de una red, un tejido que en cualquier otro momento podĆa ser parte, para dar apoyo y cuidado a sus componentes.
Esto nos lleva a otro anÔlisis; el mantenimiento y conservación de las tradiciones y saberes vernÔculos, no forma parte sólo del objetivo de conservación de un patrimonio cultural añejo. Este mantenimiento, sostiene un patrimonio cultural vivo que es capaz de generar redes humanas y que estÔ en constante adaptación. El que estas tradiciones y saberes, que formaban comunidad, vayan desapareciendo sin encontrar relevo generacional y continuidad, conlleva un peligro, no tanto por su desaparición como por nuestro propio deterioro como sociedad.
Ana Mª RabadÔn.
Socióloga especializada en ecologĆa humana y población.
Ćrea de investigación Social.
